Nuestra cara necesita iluminarse y nuestros ojos y labios también. Por ello, para lucir más bella y atractiva combinamos una serie de productos de maquillaje como son los polvos, el fondo de maquillaje y los correctores. Cada uno de ellos exige un orden de colocación o aplicación y hay respetar estos estándares entre un producto y otro, puesto que las mezclas sin conocimiento puede acabar estropeándonos la cara.
Si buscamos el ansiado maquillaje perfecto, lo primero que tendremos en cuenta será analizar nuestra propia piel facial y ver dónde están nuestras imperfecciones, o sea, detectar cambios de relieve, texturas, color de piel y posibles marcas sean de acné o cicatrices. Luego, recurrimos a los productos que nos van a ayudar a disimularlo y a homogeneizarlo y éstos son las bases correctoras o correctores.
Gracias a estas bases podemos unificar nuestro color de piel y proporcionar un aspecto luminoso a la cara. Su misión es clara: son las encargadas de fijar el fondo de maquillaje que nos pondremos más tarde, o sea, que la primera parte del maquillaje paso a paso es saber si necesitamos o no un corrector.
Las bases correctoras tienen entre sus componentes talco para absorber la grasa de la piel y óxido de titanio para recubrir superfícies. El óxido de titanio es un excipiente muy utilizado en cosmética y farmacia, pues tiene un doble papel: recubrimiento homogéneo y protector de la piel.
A estos componentes se pueden añadir algunos principios activos como el ruscus que ayuda a tonificar la piel o incluso el extracto de pepino para darle vitalidad al rostro.
Los correctores más utilizados son las emulsiones fluidas (tono pastel tirando a blanco que le da a la piel un toque alisado y mate) y las barras (menos aceitosas que las emulsiones). Ambas tienen color y dependiendo del color que eligas vas a determinar tu efecto de maquillaje posterior.
Como verás, esto es muy general y cada una de nosotras puede tener un perfil diferente (p.ej piel blanca con rojeces, piel oscura cansada, etc…) con lo que la aplicación de la base será muy personal. Si realmente queremos conseguir un efecto luminoso o de profundidad, debemos tener en cuenta lo siguiente:
Los correctores oscuros dan profundidad al rostro en vez de aportar luz a éste. Este tipo de corrector consigue definir los pómulos, el óvalo e incluso afinar la nariz. Son buenos cuando hay luz artifical aunque se recomienda que tengan la misma textura que el fondo de maquillaje y que el color sea entre 2 a 4 tonos más oscuros (que el fondo). El corrector fluido es apropiado para estos casos.
Para ponerlo hay que hacerlo mediante un pincel mediano y, a ser posible, se difumina con una esponja (si es de látex, mejor). Si la base es en polvo, entonces sólo utilizamos el pincel.
Las bases claras resaltan zonas de nuestra cara y aportan luz, sobretodo a la parte inferior del ojo (para pequeñas ojeras) y la nariz. Se utilizan en barras, cremas y fluidos aunque deben ser de 2 a 3 tonos más claras que el fondo de maquillaje que pongamos después. Si lo que queremos es disimular o corregir las ojeras, usaremos un corrector beige-amarillo pálido para un fondo violeta. En cambio, para otros colores podemos usar un corrector beige natural o rosa claro.
Para aplicar las bases correctoras claras se usa un pincel corto, o bien, la punta de los dedos y vamos haciendo presión poco a poco sobre la zona que nos interesa. Después, se extienden y difuminan los bordes con una esponja húmeda.